Reparto de puntos insuficientes en Zorrilla

Alejandro Calderón | Pablo García

La necesidad, capaz de sacar lo mejor y lo peor de cada uno. El Real Valladolid –con urgencias tras dos derrotas consecutivas- fue Doctor Jekyll y Mister Hyde en el Zorrilla. Algunos momentos de fútbol brillante y eléctrico, por otros de desconexión y contemplación. La UD Almería fue de menos a más, de sur a norte, para acabar cuajando un buen partido lejos de su tierra.

El ambiente en Zorrilla, como siempre en esta época, era frío. Sin embargo, el partido fue todo lo contrario. Tensión, ocasiones e intensidad por doquier en una primera parte en la que el Valladolid gozó de las mejores ocasiones pero que no contó con acierto de cara a puerta. Los cánticos entre la grada de animación pucelana y de los pocos valientes que se animaron a venir desde Almería pusieron la ‘salsa’ en la grada. Y los radiadores pusieron el calor en el cuerpo de una grada abrigada con más capas que una cebolla.

El Real Valladolid comenzó el partido en busca de la portería almeriense. Los balones por banda eran un quebradero de cabeza para los de Soriano, que veían cómo José y Mata llegaban sin problema a línea de fondo. Precisamente dos internadas de José fueron las ocasiones de más peligro al principio del encuentro. Al limbo. Una terminó en las manos de Casto tras un flojo disparo de Mata y la otra fue para De Tomás que, tras un buen giro, golpeó muy desviado.La UD Almería no renunciaba al ataque, de hecho, todas sus acciones finalizaban en ‘chut’, con más o menos peligro. La más clara fue para Fidel, que finalizó una internada desde la derecha a las manos del guardameta pucelano, Isaac Becerra.

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Jose durante una acción en la primera mitad | Fotografía: Alejandro Calderón

La ocasión más clara en  la primera mitad del Real Valladolid llegó en las botas de De Tomás que remató, desde el punto de penalti, un balón perfecto de Balbi que repelió Casto con muchos apuros. El rechace lo recogió Álex López, que hizo estirarse al portero almeriense de nuevo gracias a un fuerte disparo. La afición blanquivioleta deseando que el cántaro rompiera de tanto ir a la fuente. La nota de humor llegó hacia el ecuador del primer acto, cuando Raúl de Tomás realizó un gran golpeo desde la frontal con la zurda que se marchó fuera por muy poco. Pero tras golpear en el poste que sujeta las redes el balón pareció entrar, y la parroquia pucelana lo celebró pensando que había entrado.

El Almería con la posesión de balón, muy ordenado y con la ayuda de un inspirado Fidel llegaba muy fácil a línea de fondo, aunque sin acierto en el centro.  El fútbol amarillo, las ocasiones blanquivioletas. El pitido del árbitro fue como un oasis para la afición pucelana, que se relamía pensando en un caldo y unas instrucciones de Paco Herrera para que el aficionado y el equipo entraran en calor, respectivamente.

Las segundas partes nunca fueron buenas. O eso debió pensar el árbitro, que nada más reanudarse el partido sintió el aliento del Zorrilla, clamando por sus errores. Aunque ninguno fue clamoroso ni decisivo. En lo futbolístico, en los quince primeros minutos apenas pasó nada. El árbitro tuvo más trabajo que Becerra y Casto, y eso siempre es sinónimo de aburrimiento para el respetable.

Sin embargo, el partido cambió de forma radical en el minuto 60. Mata fue a robar el balón y llegó tarde. Él ya lo sabía. En cuanto impactó con la pierna de  Nano sabía que le tocaba ducharse antes de tiempo. Segunda amarilla y el Real Valladolid con uno menos. El más difícil todavía, media hora por delante con un presumible monólogo almeriense.

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Mata se retira del terreno de juego tras ser expulsado | Fotografía: Alejandro Calderón

A unos les fallaban  los nervios, y a otros las prisas. Pero antes de que ninguno pudiera reaccionar, Diamanka emuló el papel de Mata. Falta en ataque a  Álex López a destiempo y segunda amarilla. Se igualaron las fuerzas, Zorrilla volvía a sonreír. Soriano y Herrera se miraban en la banda con una sonrisa cómplice. Una por otra debieron pensar. Una vez de vuelta al partido, los siguientes minutos fueron amarillos –color de la elástica del Almería hoy-. Los visitantes dominaron el balón, pero sin inquietar a Becerra. Paco Herrera se desesperaba en el banquillo. Los suyos no eran capaces de dar tres toques seguidos.

Pese a ello, el Real Valladolid tuvo la mejor ocasión de la segunda mitad. Un balón colgado desde la derecha por Balbi, que vio la llegada de Álex López desde atrás, terminó con un remate franco para el gallego que se marchó alto. El Almería llegó peor físicamente al final del choque, y eso lo aprovechó el Pucela para robar balones en el centro del campo y salir con peligro. Pero ni con esas.

El partido acabó como empezó, empate a cero aunque con dos jugadores menos sobre el campo y la sensación de que ninguno hizo méritos suficientes como para llevarse los tres puntos. Zorrilla despidió a los suyos con pitos y gritos de “¡Fuera, fuera!” y con la pesadumbre que supone saber que el equipo puede acabar la jornada muy cerca de los puestos de descenso. El Almería, por su parte, se lleva un punto a casa y seguirá en la zona baja de la tabla  de la Liga 1|2|3 una semana más. Reparto de puntos insuficientes para ambos y una semana dura por delante.

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